martes, 20 de septiembre de 2011

Liberty Square se debate entre el utilitarismo y el idealismo

Mientras Estados Unidos mira al Estado de Georgia con motivo de la inminente ejecución de Troy Davis, el preso afroamericano condenado por el presunto asesinato de un policía en 1989, en Liberty Square se erige una República platónica sin mensaje. Un curioso pregunta de qué va aquello, y añade: "¿Pero servirá de algo?". En efecto, el utilitarismo americano se riñe con la democracia pura de una Liberty Square que desarrolla sus propios códigos de convivencia. El entusiasmo de los activistas contrasta con la poca comprensión de una sociedad nada acostumbrada a la protesta y que calcula con precisión milimétrica los efectos de cualquier participación en la vida política y social.

Pero en Liberty Square no se percibe la creciente incomprensión social como una gran amenaza para el movimiento. Es más, tienen grandes expectativas de crecer y, en cierto modo, se podría decir que están encantados de haberse conocido. "Puedes sentir la energía de la gente, ya sabes, el feeling de estar todos juntos, casi sin dormir y comiendo mal, pero contentos porque estamos luchando", explica Ari, con la misma afonía del día anterior y visiblemente exhausto. Cuando se le pregunta por la necesidad de un manifiesto, responde que "cuando la gente vea esto, se unirá". Pero estamos en el corazón del distrito financiero de Manhattan y por allí no pasan más que trabajadores de bancos y compañías asociadas a la actividad bursátil.

Buena parte de los miembros del movimiento participaron en una concentración convocada por organizaciones pro derechos humanos en la Plaza del Ayuntamiento de Nueva York a las 19.00 horas, donde se leyó un manifiesto en favor de la condonación de la pena de muerte a Troy Davis. Finalizada la concentración, miembros de una y otra causa caminaron hasta Liberty Street, donde fueron recibidos al grito de "Todos somos Troy Davis".

Según Alex, un estudiante neoyorquino, hoy fueron arrestados 3 jóvenes por la policía, que se empleó con gran violencia. "Uno de ellos perdió los dientes", explica. Una joven alza su voz, y cuenta a la asamblea: "Yo ayer fui detenida (..) Quieren que tengamos miedo. Pero hoy estoy aquí con vosotros".

En la jornada de hoy, algunos participantes han salido a diferentes puntos de la ciudad de Nueva York para encontrarse con otros ciudadanos que puedan adherirse al movimiento. "Hoy hemos hablado en las universidades, y esperamos que unos 300 chicos se unan a nosotros", decía un joven participante en la asamblea de las 20 horas. En la Plaza hay en torno a medio millar de personas, algo más que los días anteriores.

La estructura organizativa es muy grande: han contratado los servicios de un abogado, disponen de cuentas para recibir donaciones para comida, han consolidado un equipo de médicos y counsellers y otro de traductores. Se le da utilidad a cualquier recurso humano posible para proveer servicios a los habitantes del campamento, en un gran ejercicio de organización social cuyas prioridades ponen de manifiesto las grietas de una sociedad que entienden carente de cohesión social y a la que aplican su propio bálsamo. Por ello, da la impresión de que aquel objetivo de "ocupar Wall Street", acción concebida para mandar ese mensaje al mundo de que el pueblo puede reconquistar el poder económico al capital especulativo, se ha difuminado para consolidar una isla de protección social en la Meca de los mercados.

En todo caso, el campamento tiene serias amenazas de desalojo: está ubicado en una plaza oscura con escasa visibilidad social, pero rodeada de importantes centros financieros y a las puertas del lujoso Hotel Plaza One. Natalia, una joven madrileña del 15-M que ha venido hasta Nueva York para apoyar la protesta, señala que, como en la Puerta del Sol, viven con la amenaza permanente de que la policía va a vaya a desalojarlos. Sin embargo, algunos ven en ese posible desalojo la oportunidad de ganar difusión mediática y, de esa forma, apoyo social.

Por el momento, el seguimiento de la protesta por los medios de comunicación estadounidenses está siendo tan discreto como la difusión que desde Liberty Square se realiza. Apenas "The New York Times" dedicaba un escueto artículo haciendo hincapié en la gran diversidad de reivindicaciones que recoge la protesta. En una residencia ubicada a las puertas de Harlem, a unos 7 kilómetros de Liberty Street, media docena de estudiantes afirman, con perplejidad, desconocer el movimiento. Pero dicen interesarles mucho.

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