lunes, 19 de septiembre de 2011

Campamento Liberty Square

La ola mundial de indignación tardó en llegar a Wall Street, la capital financiera del imperio americano, pero a juzgar por los ánimos de quienes lo construyen, es para quedarse algún tiempo.


Liberty Square es el nombre con el que se ha decidido bautizar el campamento y que se puede leer en el proyector que preside la plaza, acompañado de las normas de convivencia y los acuerdos alcanzados. "Vamos a ir a las universidades, plazas y barrios de Nueva York", lee en voz alta la joven encargada de recoger los puntos acordados en la asamblea.


Aproximadamente un centenar de jóvenes acampados organizan la agenda del día posterior. Amery no ha salido de Liberty Square, y explica que para mañana está previsto celebrar una asamblea a las 3 p. m. para determinar las actividades, y que a las 7 p.m. se celebrará la segunda asamblea general, con el objetivo de acordar un manifiesto que entregar a los medios de comunicación y que convoque a que más personas al movimiento.


El hombre del traje y la corbata que conocimos ayer tiende una camisa blanca en una cuerda para secarla. Continúa en traje y corbata, pues sólo ha salido para ir a su casa en Brooklin a dar de comer a sus gatos. "Anoche no pude dormir nada. Pero no me siento cansado", dice encogiéndose de hombros. En este momento llegan unas pizzas que algún simpatizante con el movimiento ha pedido por teléfono. "Llevarlas donde está toda la comida, que ahí repartimos mejor", dice una chica.


La comida está sobre unos bancos de granito en medio de la plaza, donde hay garrafas de agua mineral, crema de cacahuete, pan de molde, manzanas y bolsas cerradas de comida. No muy lejos, se encuentran un par de mesas protegidas por bicicletas, donde media docena de chicos y chicas se ocupan de difundir a la red todo lo relativo al movimiento desde sus ordenadores portátiles.


Junto a ellos se encuentra Leonardo, un economista de origen polaco-alemán con pasaporte estadounidense que ronda los 50 años, que expresa su preocupaci'on por que los norteamericanos no entiendan el presente curso económico. "Los dólares que se imprimen no vienen de ningún sitio. Aunque la Constitución dice otra cosa, la Reserva Federal está en las sucias manos de no más de 50 familias, y el Gobierno se endeuda y se endeuda, mientras hay gente haciendo fortuna. Es incomprensible. Y esa deuda la pagaremos toda la vida. Lo que es una locura es no protestar", dice con indignación.



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